Redacción y contenidos: Raquel Polo

ESPAÑA Y EL CORTO

En España, hasta bien entrados los años 20 no se empezó con la producción de largometrajes propiamente dichos (más tarde sin duda que en el resto del continente Europeo y Norteamérica; dónde la película argumental de cuatro rollos o más era dominante hacia 1914), por lo que las producciones desde 1896 hasta 1930 eran cortometrajes de más o menos duración La palabra cortometraje en si misma no expresaba nada hasta que irrumpieron las producciones de más de diez minutos en el panorama fílmico de la época, cuando se empezó a diferencias las piezas cortas de las más largas.

El primer vestigio cinematográfico que se tiene en España se remonta al 11 de mayo de 1896, donde un público reunido ante una pantalla contemplaba la presentación en Madrid del "Animatógrafo" por Edwin Rousby (enviado por los hermanos Lumiére). A partir de aquí, los realizadores españoles pioneros, como Fructuoso Gelobert, llevaron a cabo cortometrajes documentales, noticieros y reportajes sobre la situación del país en la época. Este tipo de filmes permitirían más tarde la producción de otro tipo de géneros, como el de ficción.

Riña en un café (1897)

Salida de los trabajadores de la España (1897)

A partir de 1900, realizadores como Segundo de Chomón, Ricardo Baños o Ángel García Cardona, rodaron piezas de ficción, humorísticas, animación e incluso aventuras. También, se dedicaban con mucho éxito a documentar las tradiciones propias del país, atrayendo a una multitud de espectadores.

Diez años después, los cortometrajes comenzaron a extender su duración; haciendo más popular el cine de argumento, ya fuera cine cómico, dramático, de aventuras, etc. Fue una época donde se popularizó enormemente los seriales, sobre todo desde 1915.

Tibidabo (1901)

Clarita y Peladilla en el Foatball  (1915)

Ya entrados los años 20, hubo un creciente interés por el mundo del cine y se empezó a indagar por todo el territorio en la producción de largometrajes y reportajes diversos, pero siempre bajo la censura del general Primo de Rivera, tras su golpe de Estado. Fue ese el comienzo de los cortos publicitarios (ancestros de los spots) y del cine pornográfico en España, rama esta ultima clandestina y destinada a ciertas clases privilegiadas.

Las corrientes culturales y artísticas se dieron cita en el cortometraje peninsular para poder escapar de los cánones de realización de la época, así se produjeron diversos cortometrajes vanguardistas durante los años 30, como los cortometrajes realizados por Val del Omar o los filmes que realizo Luis Buñuel y que le valieron el reconocimiento publico internaciones.

Vibraciones de Grabada (1935)

Las Hurdes, Tierras sin pan (ver video)

Llegada la Segunda Republica en España y llegado el sonido al mundo del cine, florecieron los cortometrajes y los largometrajes. Estos cortos ( que proliferaron menos que su hermano mayor el largometraje), acompañarían a los filmes de mas extensión en las proyecciones de las salas, como los de Eduardo García Maroto, Carlos Velo, Florián Rey o Antonio Román. En primer lugar, estaban los documentales referidos a la nueva situación política del país, que se usaban como en todos los regimenes - independientemente de la ideología- para fines propagandísticos o didácticos; después, los cortometrajes que servían como publicidad para el propio país, en cuestión de cultura y turismo, estaban aquellos que recogían las tendencias pictóricas y estilísticas, utilizando diversas técnicas fotográficas y de grabación; por ultimo, los cortos de ficción orientados al genero musical o humorístico.

Al contrario de los se podría pensar, la Guerra Civil que comenzó en 1936 no produjo un cese completo de las actividades cinematográficas, sino que aun suponiendo un desastre para la industria española, consiguió revitalizar el cortometraje gracias a la necesidad de información y propaganda que existía por parte de los dos bandos. hay que distinguir en esta época, la producción que se realizo de cortometrajes en la zona republicana y la que se hizo en la franquista: los republicanos disponían de mas medios por poseer la infraestructura técnica y también múltiples ideologías que impulsaban los cortos (anarquistas, marxistas, republicanos); mientras la producción franquista carecía de medios y estaba hegemonizada por los militares.

Barcelona resiste al fascismo(ver video)

Con la llegada de la dictadura, la Administración franquista y los exhibidores mantuvieron una actitud de desidia con respecto a la producción cinematográfica, lo que impidió que la Ley de 1941 que obligaba a proyectar cortos españoles acompañando a los largometrajes en las salas de cine, cayese en el olvido y, que la producción de cortometrajes se viese relegada a la casi inexistencia, salvo por los noticiarios (la proyección del NO-DO y sus distintas producciones, que monopolizaba la industria del cortometraje, era de obligado cumplimiento) documentales y lo poco que subsistía del cine experimental.

Desde el final de la Guerra Civil a los años 40, hubo un éxodo masivo de gran parte de la industria cinematográfica, ya que eran contrarios al nuevo régimen, lo que supuso casi la desaparición de la misma. Durante largos años, el documental fue el único medio de expresión viable y servia para la "experimentación" de los nuevos realizadores.

La única excepción que podemos encontrar durante la etapa franquista es la figura de Jose Val de Omar, que llevo a cabo rodajes de obras fundamentales en cine.

Aguaespejo granadino (ver video)

Seria en la década de los 60 cuando los cortometrajes comenzasen a levantar el vuelo fuera del circulo documental, gracias a la expansión de la TV a nivel domestico y al inconformismo de los nuevos realizadores con el sistema y la censura. Se constituyeron "Salas especiales" o "Salas de arte y ensayo" que se hacían cargo de la proyección de cortometrajes de otra índole que no fueran propagandísticas ni de documentación ( aunque las Normas de Protección de 1964 incentivaban la exhibición en circuitos comerciales) y los realizadores salidos de las aulas de la Escuela Oficial de Cine y del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas ( el Nuevo Cine español) tenían sus primeras experiencias en el cortometraje, como Carlos Saura, Mario Camus, Pilar Miro, Manuel Summers, etc.

A finales de los 60 y principios de los 70, se produjo un auge de la producciones de cortometrajes, de duración variable, casi siempre de ficción y de intento rupturistas (rodadas dentro del sistema industrial frente a los intentos underground) que vinieron a raíz de la aparición, en todo el mundo, de los cines nacionales - que apoyaban los distintos movimientos, como la Nouvelle Vague en Francia - y a las nuevas tecnologías. En este tiempo, el cine producido por la maquina franquista era decadente y se enfrentaba con aquellos que seria los autores del "cine de transición", por lo que intentaba dar un aire aperturista en los tiempos en que se comenzaba a hablar de la Comunidad Económica Europea. Durante ese tiempo, se hizo habitual rodar en 16mm para pasarlo posteriormente a 35mm.

El cortometraje sufrió un gran desprestigio con la crisis de los años 79: decisiones arbitrarias de La Junta de Apreciación de Películas ( que calificaba las películas y supeditaba la economía de estos), la dejadez de los distribuidores y la situación delicada de las productoras, el recrudecimiento de la censura en su etapa final, produjeron el declive del genero. Una vez iniciada la de década de los 80, la cuestión no mejoro, puesto que seguía siendo obligatoria la proyección de cortos y primaron la cantidad de cortos en las salas antes que la calidad. Fue una situación trágica la que se encontró Pilar Miro a su llegada a la Dirección General Cinematográfica, eliminando la obligatoria proyección y reforzando el proteccionismo estatal; a partir de entonces, el corto empezó a remontar puestos y a recuperar prestigio: se empezaba a buscar la calidad y no la cantidad.

Que seria del cortometraje español sin los años noventa: sufró6 grandes transformaciones y fue germen de cultivo para gran cantidad de direc­tores conocidos internacionalmente. Ya no sólo el cortometraje había recuperado su prestigio, si no que su calidad y sus medios se hacían cada vez más evidentes, llegando a optara subvenciones cuantiosas (todos aquellos que eran capaces de acceder a esas ayudas) para producciones que contaban con artistas importantes y técnicos de prestigio. No obstante, pese a esto; la distribución de los cortos en las salas cinematográficas cayó en picado, pues no era un mercado económicamente rentable y, se redujo su promoción a circuitos especializados en el género y medios de comunicación novedosos, como eran por aquella época Internet.

Alex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Iciar Bollaín, Juanma Bajo Ulloa y una larguísima lista de realizadores engrosan las listas de cortometrajes que introducían tanto las nuevas ideas, como las nuevas tecnologías y las nuevas visiones, sobre el cine y el lenguaje a emplear.